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 Rhîgulus

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AutorMensaje
Justarius
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Mensajes: 328
Fecha de inscripción: 18/07/2008

MensajeTema: Rhîgulus   Sáb Jul 19, 2008 10:11 am

Sobre la raza Ür-Rhîgulus


Historia

Los Rhîgulus nos contamos entre los habitantes más longevos de todo Avelmar. Existen algunos miembros de esta raza que dicen poseer recuerdos del día en que fueron creados por los mismos dioses.
Este detalle ha marcado siempre nuestra existencia. Para el resto de las razas, el tiempo es corto y anhelan vivir su existencia con la mayor plenitud posible. Algunos viven al límite y desean que su vida sea una continua aventura. Los Rhîgulus, sin embargo, somos incapaces de concebir este estilo de vida.
Este punto ha sido, en parte, causante de nuestro aislamiento de las demás razas que pueblan nuestro mundo. Al inicio de los tiempos, cuando nuestra raza era aún joven, intentamos desarrollar vínculos con los demás, especialmente con los Justicars, que parecían la raza más sensata y proclive a nuestra visión del mundo. Sin embargo, los hombres carecen de paciencia alguna para tratar los asuntos más delicados, rara vez se dejan aconsejar por los mayores y su impulsividad les conduce a cometer errores una y otra vez por no atender a la verdadera naturaleza de los problemas.
Cada vez más, las discrepancias surgieron entre las razas y nuestra voz fue desatendida reiteradamente. Estos hechos nos llevaron a preocuparnos cada vez más por nuestra raza y nuestra existencia en paz con el mundo, alejados de los demás. Nos retiramos hasta los altos bosques de Avelmar, hasta nuestro hogar, donde decidimos vivir en armonía con la naturaleza, alejados de los asuntos externos.
Así pasamos más de 800 años, viendo crecer los bosques y los arroyos, hasta que la Primera Gran Guerra tuvo lugar. Fueron los años más terribles de nuestra historia. El fuego inundó los bosques y las tormentas devastaron nuestro territorio sin tregua, forzándonos a abandonar nuestra tierra y a salir al exterior buscando refugio en otro lugar. Allí, nos encontramos con los demás, que habían sufrido la misma suerte. Todos vaticinamos el final de nuestra existencia, a poco tardar la desolación habitaría para siempre jamás en el mundo.
Sin embargo, los dioses acudieron en nuestra ayuda. Se dice que el mismo Rhîgu luchó en la Primera Gran Guerra contra Är-Thyfür (El Abrasador, nombre que dan los Rhîgulus al dios Ayrun). Los que dicen haber vivido esta guerra, cuentan que vieron un gran árbol, tan grande como el monte Ür-Veleren, alzarse sobre la tierra. Sus hojas resplandecían en esmeralda y cristal y su tronco era tan largo que parecía extenderse hasta el fin del mundo.
Al final, los Dioses lograron desterrar Är-Thyfür y el mundo volvió a ser un lugar seguro, al menos durante un tiempo….
Al morir algunos de los Dioses y quedar exhaustos los demás, la magia quedó debilitada y sus usuarios vieron como el poder se escapaba de sus manos. Sin embargo, los Dioses en su infinita magnanimidad hicieron un último sacrificio y extendieron su esencia sobre las tierras de Avelmar. Pronto, sus habitantes aprendieron a utilizar Ür-Rhêgu (La Esencia, La Energía Vital) para potenciar sus conjuros y aprender el nuevo camino de la magia.
Sin embargo, Ür-Rhêgu no era una sustancia abundante en Avlemar, sino uno de los bienes más preciados que pronto generaron sospechas y codicia entre las razas. Los Rhîgulus dependemos de La Esencia más si cabe que el resto de las razas, puesto que nuestra ley prohíbe nuestro entrenamiento militar.
Pronto descubrimos que la zona central del continente, donde había tenido lugar la Primera Gran Guerra era la zona con mayor concentración de Esencia de todo el continente y empezamos a recolectarla celosamente, previendo que los demás llegarían pronto a la misma conclusión e intentarían conseguirla a cualquier precio.
No erramos nuestras predicciones. Pronto, las demás razas aparecieron buscando La Esencia y empezaron a reclamar esas tierras como propias.
Los primeros fueron los Xhêt-näl, con su tradicional territorialidad intentaron arrebatarnos nuestras minas y asediaron nuestros campamentos.
Así comenzó La Gran Guerra de las Razas. Defendimos nuestros asentamientos con valentía, utilizando La Esencia drenada de nuestras minas, conseguimos hacer retroceder a los Xhêt-näl hasta su territorio, pero la calma duraría poco, los Justicars y los Hoshi-Bûru también estaban en guerra y pronto, la disputa se extendió a través de todo el continente.
Mientras tanto, nos dimos cuenta de que esta guerra estaba consumiendo gran parte de La Esencia de nuestro mundo, pues todos la convertimos en la principal arma de esa contienda. Conocedores que no podíamos poner fin a la guerra, pues nadie habría escuchado nuestra voz, un grupo de emisarios partimos de Ür-Rhîgulus en dirección a Luiren para contactar con Gorian, el gran sabio y dirigente Justicar y negociar un tratado de paz que salvaguardara las reservas de Esencia. Así fue como Gorian, rechazando un tratado unilateral, decidió reunir a todas las razas con el fin de llegar a un acuerdo que estableciera la paz que tanto ansiaba. Al final, el tratado fue ratificado y una aparente paz volvió a reinar en las tierras de Avelmar. Este tratado significó la creación del Protectorado y el establecimiento de los regímenes de regencia de las razas.
Este hecho ha marcado también nuestra vida de un modo muy importante. El establecimiento del protectorado significó el cese de nuestra política de aislamiento y el comienzo de un régimen de apertura de nuestra raza a las demás.
Se construyó un puerto al norte de Ür-Rhîgulus para poder entablar comercio con las demás razas, principalmente para intercambiar Esencia y otros pocos productos. Muchos de los más ancianos miembros de nuestra raza hemos criticado esas decisiones, pero hemos tenido que admitir que era indispensable para satisfacer las crecientes demandas de Esencia de nuestra comunidad.
Aunque hemos convivido muy poco durante nuestra historia con las demás razas, nuestros largos años de estudio y experiencia han suplido con creces esta deficiencia y nuestros diplomáticos han sabido defender nuestros intereses con sorprendente eficacia. Nuestros embajadores son conocidos por su suspicacia y su inteligencia y raramente son infravalorados por los demás emisarios.
Nuestro principal problema estriba en las tensas relaciones que mantiene nuestra raza con los Xhêt-näl, aunque su carácter explosivo y violento siempre ha sido una gran baza en todas las negociaciones.

Vida en sociedad


Los Rhîgulus, a diferencia de la mayoría de las razas, no tenemos una estructura familiar, pues al carecer de sexo no engendramos hijos propios. Los Rhîgulus provenimos directamente de las plantas, la única diferencia con ellas es que nosotros hemos recibido lo que llamamos el don de Rhîgu.
Cada año, durante la primavera, un grupo de Rhîgulus, dirigidos por los ancianos de La Comunidad se internan en los bosques de Ür-Rhîgulus en busca de los retoños que han crecido con el don. Mediante un conjuro mágico, somos capaces de detectar la zona aproximada donde se encuentran los nuevos retoños y los recogemos para llevarlos con La Comunidad.
El periodo de recolección dura dos meses y el número de retoños varia según el año y suele oscilar entre 2000 y 3000. Una vez recolectados los retoños, son distribuidos en los diferentes asentamientos de La Comunidad, dependiendo de las necesidades de cada zona. Los retoños Rhîgulus no son dados “en adopción” a nadie, sino que son educados por todos los integrantes del asentamiento. Aunque son retoños, pues no han llegado a la madurez, son perfectamente autosuficientes, a diferencia de lo que sucede con las otras razas, que deben alimentar y ayudar a sus recién nacidos, pues morirían sin el cuidado de sus padres.
Cuando los retoños han alcanzado la primera madurez (a los 150 años), los jóvenes Rhîgulus son llevados a una de las numerosas escuelas que existen distribuidas a lo largo de toda La Comunidad y pasan en ella más de 30 años, estudiando los misterios de la magia y el conocimiento de Rhîgu.
Una vez pasado el periodo de formación, pasan a formar parte de una de las comunidades y quedan a cargo de los maestros de esa comunidad. Los maestros son los más jóvenes de los ancianos, con una edad de 300 años. Los maestros son los encargados de aconsejar a los jóvenes, mostrarles el Camino de Rhîgu y guiarlos hasta su segunda madurez, a los 300 años, cuando se convertirán en maestros e instruirán a los jóvenes Rhîgulus. Cuando los Rhîgulus llegan a los 500 años de edad, la tercera madurez, se convierten en ancianos venerables y tienen el deber de velar por los intereses de La Comunidad, desde intervenir como emisarios o embajadores ante las demás razas a dirigir a los maestros Rhîgulus en la recolección de nuevos retoños.
Entre los Rhîgulus no hay distinciones sociales, no se crean grupos privilegiados ni existe ningún tipo de cadena de mando, sin embargo, se reverencia especialmente a los miembros más ancianos de la comunidad, que poseen una mayor experiencia y conocimiento, fruto de sus años. Las responsabilidades de los Rhîgulus se hacen más pesadas con la edad, puesto que el mayor grado de experiencia capacita a los más ancianos para desarrollar con éxito este tipo de misiones.

Los asentamientos Rhîgulus

Los Rhîgulus, como plantas, no necesitamos vivir en grandes edificios ni construcciones, pues deseamos estar en comunión con la naturaleza, sin que haya muros que impidan nuestra relación con la vida que les rodea.
A lo largo de toda La Comunidad, formamos asentamientos, grupos de población de unos 500 a 2000 individuos formando una unidad con los demás asentamientos. Los Rhîgulus, nunca creamos un asentamiento muy alejado de otro, pues necesitamos estar en contacto unos con otros para trasmitirnos nuestras experiencias y conocimientos y así progresar con la edad en un mayor entendimiento del mundo que nos rodea.
Las únicas construcciones reseñables en Ür-Rhîgulus son las Torres de Hechicería y la ciudad portuaria de Adêl-nür, ésta última levantada a imagen y semejanza de las construcciones del protectorado de Lorelan.
Las Torres de Hechicería están distribuidas a lo largo y ancho de toda La Comunidad para acoger a los jóvenes y enseñarles a canalizar el don de Rhîgu. Algunas de estas torres alcanzan más de 400 metros de altitud y son el orgullo de nuestra raza, pues simbolizan la devoción de los Rhîgulus por el conocimiento.

Sobre la Religión

Aunque nuestro pueblo venera a Rhîgu como nuestro benefactor, no existen clérigos que dediquen su vida a venerarle. Según nos revelan las tablas sagradas de Ür-Manyâl, Rhîgu no quería ser objeto de devoción por parte de la raza que había creado, creía que todos sus hijos debían ser libres y encontrar su camino a través del conocimiento y Ür-Kenthâi (El Misterio, la magia). Según las tablas, Rhîgu había concedido el don a toda nuestra raza, cosa que no ha sucedido con las demás razas, aunque su interpretación es diferente a la nuestra y, por supuesto, igualmente respetable.
Así, nosotros veneramos a Rhîgu cada vez que conseguimos conocer mejor al mundo, cada vez que progresamos en el entendimiento de sus entresijo y en conseguimos un mayor dominio de El Misterio.
Sin embargo, cada año se celebra una procesión en honor a Rhîgu y al sacrificio que hizo por salvarnos al enfrentarse contra El Abrasador. Cada año, desde todos los asentamientos, los ancianos dirigimos la procesión hasta el monte de Ür-Veleren donde todos los Rhîgulus de La Comunidad nos reunimos durante una semana con el objetivo de reencontrarnos y compartir el conocimiento acumulado durante el año.

Sobre las otras razas

Debido a nuestro aislamiento, la relación con las otras razas ha sido difícil. Nuestras costumbres y nuestra naturaleza distan mucho de las demás. Nosotros no necesitamos alimentarnos de otros seres, no necesitamos cazar ni cocinar, nuestra única fuente de alimento es nuestra amada Luna y la tierra y el aire donde vivimos. Asimismo, las demás razas suelen realizar sus tareas durante el día, con el amparo del Sol, mientras que nosotros, debemos cubrirnos de su radiación o moriríamos.
Algunos nos temen por nuestro don, otros nos odian por motivos históricos y a otros no les gusta que nuestra vida transcurra al amparo de nuestra amada Luna. Las guerras no han contribuido a estrechar estas relaciones y los frecuentes incidentes con los Xêt-näl tampoco han sido de ayuda.
Con el tiempo, los Rhîgulus nos hemos acostumbrado a vivir solos, al margen de las demás razas que tampoco han querido comprendernos y eso nos ha convertido en seres reservados e introvertidos. La guerra cambió un poco las cosas en este aspecto. Al necesitar La Esencia para sobrevivir, todas las razas tuvimos que establecer un acuerdo e intentar convivir en armonía, aunque a menudo resulta difícil.
Sin embargo, las crecientes suspicacias y la necesidad de crear una estructura política por el control de La Esencia han conseguido minar todos los esfuerzos que se hayan hecho por cada una de las partes. Aunque no nos resignamos a conseguir unas mejores relaciones con nuestros vecinos, la verdad es que esta entelequia está ahora, fuera de nuestro alcance. Las discusiones acerca de la explotación de las minas de esencia, la regencia alternante del protectorado y demás temas comerciales es austera, por no decir agresiva y ha derivado en un nivel de egoísmo inimaginable, a pesar de los esfuerzos de los Justicars por mantener la equidad.
Los Rhîgulus nunca hemos deseado enemistarnos con nadie, aunque he de reconocer que no hemos hecho muchos esfuerzos en la dirección opuesta. Sin embargo, todos deseamos proteger nuestra Comunidad por encima de todo, el bienestar de nuestros retoños y nuestros jóvenes y salvaguardar nuestra tierra está por encima de todo lo demás.


Última edición por Justarius el Sáb Abr 11, 2009 3:29 pm, editado 6 veces
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Justarius
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MensajeTema: Re: Rhîgulus   Sáb Jul 19, 2008 11:40 am

La Geografía

La tierra de Ür-Rhîgulus es uno de los reinos más extensos que forman parte del continente de Arda. Su territorio comprende una basta extensión de bosques y humedales. La tierra de Ür-Rhîgulus se caracteriza por su monótono relieve y por la inexistencia de cordilleras o picos destacables, pues en este aspecto sólo cabe remarcar el volcán extinto de Ür-Velêren.
Existen numerosos caminos entre los extensos bosques de la zona, pero sólo sus habitantes conocen exactamente su posición. Cualquiera que se aventurase a entrar en esta región sin conocerla se encontraría perdido al cabo de poco rato en medio de un laberinto de árboles y matorrales.
Existen tres grandes bosques en esta región, el bosque de Ür-Anngôl que limita con el protectorado de Lorelan, en el este de la región, el bosque de Ür-Tîngol que limita con el mar en el oeste y el bosque de Ür-Imiêl que limita también con el mar, en el norte del reino.
El reino de Ür-Rhîgulus se caracteriza, como habéis visto, por su aislamiento con las demás razas, pues sus fronteras no delimitan drectamente con ningún otro reino.

Los bosques del reino de Ür-Rhîgulus


El bosque de Ür-Anngôl

Este bosque es único en toda la tierra de Arda, pues se extiende de norte a sur prácticamente sin ninguna fisura, exceptuando el paso de Ür-Mingôl, fuertemente custodiado por la torre de Hindôl-nür, orgullo de la raza y que ha sido reconstruida más de diez veces.
La belleza de este bosque se caracteriza por su variedad de árboles. Desde hayas en las zonas costeras, abetos en las zona que delimita con las Montañas del Saber o acacias en las zonas más próximas al reino de los Xhêt-nal. Este bosque ha sido siempre la principal barrera de los Rhîgulus contra los ataques de razas extranjeras, pues su espesura y extensión actúa como una gran barrera contra ejércitos invasores.





El bosque de Ür-Tîngol


Este bosque, más modesto en extensión comparado con los bosques de Ür-Anngôl y Ür-Imiêl se extiende a lo largo del litoral oeste del reino. Está compuesto básicamente por hayas y pinos y alberga una de las Grandes Torres de Hechicería.
Aunque es el más pequeño de los grandes bosques, Ür-Tîngol es conocido entre los Rhîgulus porque es el más fértil de todos en lo que a retoños se refiere. Durante años y años, el bosque de Ür-Tîngol ha nutrido La Comunidad con más retoños que los demás grandes bosques, aunque el motivo de esta fertilidad es aún desconocido.





El bosque de Ür-Imiêl


Este bosque es el más conocido de este reino entre las otras razas, pues goza de uno de los espectáculos naturales más impresionantes, el volcán extinto de Ür-Velêren. El volcán está cubierto por un enorme lago, el segundo más grande del reino y sobre el pesan muchas y muy diversas leyendas. El volcán de Ür-Velêren es una zona de peregrinación para los Rhîgulus, pues forma parte de su ancestral cultura, que guardan celosamente. Únicamente los representantes más destacables de algunas razas han sido invitados a contemplar tal maravilla natural.





Construcciones de Ür-Rhîgulus


Los habitantes de estas tierras, no están versados a grandes construcciones, pues consideran el entorno natural su patrimonio más preciado. Únicamente hay dos grandes ciudades en el reino, la ciudad de Enkûl-nür y la ciudad de
Fêldon-nür.
Estas dos ciudades distan mucho de la estética tradicional de otras ciudades del continente, pues sus construcciones están literalmente vivas. Enramadas de árboles y lianas entremezcladas con estructuras de madera y hojas secas, forman habitaciones y salones de extraordinaria belleza. Estas dos ciudades son lo único que resta del Segundo Gran Ciclo de Rhîgu, un periodo de esplendor que terminó hace muchos años con la caída de la casa Midyâl.
Hay otras construcciones remarcables, como el puerto de Adêl-nür, en la costa este del reino. Este puerto es el único lugar del reino donde los Rhîgulus conviven con el resto de razas, a excepción del protectorado de Lorelan.
Las construcciones del puerto, así como las casas y edificios, se asemejan a las construcciones habituales del protectorado y sirven para el comercio con las demás razas.





Otras construcciones, memorables y el orgullo del reino, son las tres Grandes Torres de Hechicería: Êliun-nür, Pêndhal-nür y Oliân-nür. En ellas se instruyen todos los habitantes de la región bajo una gran disciplina y una formación
académica que tiene una duración de más de 30 años.




Las piedras Thîlen, esparcidas por toda la región, son el tributo de la raza al dios creador para que los proteja de las incursiones del mundo exterior y de los peligros del este.



Para acabar, sólo falta mencionar los Altos Túmulos, construcciones sin nombre que se alzan uno al lado del bosque Ür-Tîngol y otro en la zona central del reino. Estos túmulos son lugar de descanso para los héroes del reino que perecieron en las dos batallas más crueles de su historia, pero esto es ya otro relato.....



Última edición por Justarius el Mar Ago 05, 2008 12:08 pm, editado 4 veces
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MensajeTema: Re: Rhîgulus   Sáb Jul 19, 2008 11:52 am

Creación del personaje

Todos los personajes se crean de la misma forma, salvo por los méritos y defectos, que serán diferentes según la raza escogida. A continuación se describen los méritos y defectos inherentes a la raza Rhîgulus.


Intolerancia a la luz solar (Defecto menor, -1)

Los Rhîgulus, como raza lunar, no pueden soportar la intensidad de la luz solar y deben utilizar ropas especiales para protegerse de la radiación. Deben ir cubiertos totalmente DURANTE EL DÍA pues ninguna parte de su cuerpo puede quedar directamente expuesta a luz del Sol. Los Rhîgulus imbuyen sus ropas con magia para que no dejen pasar ni la más ténue luz solar. Durante la noche, los Rhîgulus se destapan la cara y se quitan la capucha y visten ropas mucho más ligeras para dejar que la luz de la Luna bañe su piel y reconforte su cuerpo.


Aprendizaje deficiente en combate (Defecto mayor, -3)

Los Rhîgulus son una raza íntimamente ligada con la magia y el conocimiento. Esta dedicación exclusiva les impide sobresalir tanto en las artes del combate cuerpo a cuerpo como en el combate con armas a distancia. Los Rhîgulus SÓLO son competentes con daga. Este defecto también implica que no podrán llevar armaduras de ningún tipo, es decir, no son competentes con armadura de ningún tipo.


Afinidad con la magia (Virtud mayor, +3)

Los Rhîgulus nacen todos con el don de la magia, pues la magia es el bien más preciado para los Rhîgulus. Todos los Rhîgulus son enviados a las Torres de Hechicería donde reciben un entrenamiento de más de 30 años para dominar la magia al más alto nivel. Fruto de este entrenamiento en el dominio de la magia, los Rhîgulus obtienen 5 puntos adicionales a su vitalidad mágica. Un Rhîgulus obtiene automáticamente la habilidad mágica afinidad con un tipo de esencia (se excluye afinidad con piru).

Cuerpo vegetal (Virtud media, +2)

Los Rhîgulus, aunque investidos con el don de la vida, fueron creados a imagen y semejanza de las plantas y comparten con ellas muchas cualidades. Los Rhîgulus carecen de órganos internos vitales, su cuerpo es mucho más resistente y su piel es mucho más dura que la de un hombre. Esto les confiere immunidad a los golpes de gracia o similares y proporciona 20 puntos de vida adicionales.


Sensible al fuego (Defecto medio, -2)

Los Rhîgulus, como plantas que son en esencia, temen especialmente al fuego. Los Rhîgulus reciben el 10 puntos adicionales de daño por fuego. Un Rhîgulus no puede usar los conjuros relacionado con el fuego, es decir, no puede poseer ningún conjuro de Pilu.


Afinidad con las plantas (Virtud menor, +1)


Los Rhîgulus son en esencia plantas y, por lo tanto, muestran una gran empatía con el dominio vegetal. Un Rhîgulus empieza el juego automáticamente con la habilidad herboristería a nivel 2.


Última edición por Justarius el Mar Sep 09, 2008 9:34 am, editado 8 veces
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Justarius
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MensajeTema: Re: Rhîgulus   Mar Ago 05, 2008 12:03 pm

A continuación os detallo algunas fotografías del aspecto de un Rhîgulus. Hay también dos propuestas de vestido, tipo túnica. Debéis tener presente, que los Rhîgulus, como plantas lunares, no pueden estar expuestas directamente a la luz del sol, por lo tanto, durante el día deben tener la cara cubierta por un velo. Para esto podéis utilizar una tela fina y obviamente, podéis dejar un hueco para los ojos Wink










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